Ojos que te cuidan

Me dirijo a un consultorio oftalmológico. El lugar tiene una gran puerta de vidrio. Intento abrirla. Le doy con un poco de mi fuerza testaruda. Está trabada. Casi la tiro abajo, porque no leí el cartel que indica que toque timbre. No importa: viene el señor de seguridad a abrirme. Buenas tardes. Hola qué tal. ¿Tiene turno?. Sí, tengo turno a las seis. Vaya por allá entonces, que después que pase el chico la atiende la señorita. 

Señorita se desocupa pronto, me pide el carnet de la obra social, me toma los datos, me hace mirar por una maquinita que -supongo- es para calcularme la visión y me ordena que tome asiento. Claro: el lugar es pequeño, no hay espacio para gente rebelde que quiera permanecer de pie. Las sillas están acomodadas en hileras, esperando ser usadas; la tele prendida, ansiosa por entretener la espera.

Ya me senté. El de seguridad sigue recibiendo gente y diciéndole dónde tiene que ponerse. Me quedo mirándolo. Está vestido como todos los de seguridad: pantalón oscuro, camisa blanca con bordado de la agencia a la que pertenece, borcegos. No tiene gorrita, como otros de su misma ocupación. No tiene armas cortas ni largas, ni elementos amenazantes como bastones u otras cosas no identificadas. No porta handy ni celular a la vista. Su protección radica en el orden. Él acomoda a la gente que va llegando al consultorio. La ubica en tiempo y espacio. Hace lo que muchos: saluda, escucha quejas de las personas entradas en años, es chistoso con la señorita recepcionista, le dice chau doc al médico que terminó su turno, le relojea el culo a la veterana que cae de urgencia con algo que se le metió en el ojo. Y por supuesto, cumple con lo que tiene que cumplir. El de seguridad debe cuidar. Y como método, desconfía, no vaya a ser que entre nosotros haya una presa (¿En tal caso, cómo la cazaría? ¿Tendrá una espada oculta?) y a él se le escape. Tras una sonrisa socarrona, él mira –no sólo trastes- y anota mentalmente todo lo que hacés. Para eso le pagan, después de todo.

Entre sujeto que entra y persona que sale, el depositario de la seguridad de los pacientes se recuerda a sí mismo: el deber es la tutela. Entonces si estás distraído, quizás te estás haciendo el boludo, te querés mandar alguna y pretendés pasar por inadvertido. Ni te cuento si tenés una birome en la mano y estás anotando algo en una libretita azul. Podés estar recabando datos para alguna operación fantasma. Y si estabas justo escribiendo toooodo esto que se te ocurre acerca del tipo de seguridad, tené cuidado. Porque te puede estar mirando. Te puede estar espiando él a vos, por sobre tu hombro. Sí, como una sombra, detrás del respaldo de mi silla que linda con el cuerpo de otro paciente están los ojos del señor que cuida el consultorio oftalmológico, que lee frases desordenadas acerca de su modo de vestirse, de actuar y de trabajar.

2 Tienen la palabra:

  1. La especie Hombre de Seguridad se reproduce constantemente y habria que averiguar que intentan legitimar, seguridad no. Me mata el concepto operacion fantasma. Lo voy a utilizar.

    ResponderSuprimir
  2. Hoy tuve un episodio con uno de seguridad, que no se te ocurra entrar con una bolsa y una mochila a farmacity porque, parece, el tipo se te pega. Creo que nunca estuve tanto tiempo mirando cosas que no iba a comprar, sólo para joderlo. Y me pregunto:¿para qué tienen las alarmas en la puerta?

    ResponderSuprimir