Recreo

Un recreo. Suena el timbre. Sale al patio. Juega. Suena el timbre. Hay que entrar. Sigue jugando. Se queda. Se queda otro poco y un poco más. El timbre no vuelve a sonar. Ya sonó. No hay más alarma. El patio se convierte en sótano. Ya no es juego: es encierro.

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